Nada más pesado que un hombre conversando como agujero negro: se traga todo lo que se acerca.
Dejá de hablar tanto de vos mismo.
Sin conexión, a nadie le importa tu gran historia.
Con conexión, cualquier gesto suma.
Escuchá de verdad. Presente. Mirando a la chica, sus gestos, su energía, lo que dice y lo que evita decir. Ahí aparecen las puertas: algo que podés tesear, una palabra que pinta un recuerdo, una contradicción simpática, un chiste esperando nacer.
Después ya no es técnica.
Es instinto con orejas.
No te tomés tan en serio. Reíte de vos mismo. Reíte con ella. Molestala un poco, dejate molestar. La conversación no es una entrevista ni una exposición de logros: es un juego de presencia.
El tipo inseguro intenta impresionar.
El tipo conectado observa, escucha y juega.

