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Deseo y distancia

Deseo y distancia

El deseo no es estático. Hay que entenderlo como la respiración: no podés inhalar todo el tiempo. Es un equilibrio que necesita dos movimientos para regularse. Se expande y se recoge. Se acerca y descansa. Su ritmo depende de lo que ocurra dentro y fuera de vos: cuando hay intensidad, el ciclo se acelera; cuando hay calma, su ir y venir se vuelve más lento.

Un vínculo también necesita ese equilibrio. Cercanía y espacio. Mucha cercanía lo sofoca; demasiada distancia lo disuelve. El deseo es todavía más frágil. Por eso, si de verdad querés mantenerlo vivo, es fundamental darte espacio y dárselo también a la otra persona.

Prestá especial atención a algo: los mensajes y el celular. La presencia se regala en cuerpo y espíritu; no mediante la vigilancia ni reportándose el uno al otro cada hora.

Si la distancia los separa, no hay que temer. Las ganas de volver a verse también están creciendo. Pero cada vez que vos o ella usan el celular para controlar, para pedir garantías o para calmar la ansiedad que produce el espacio, en realidad sólo se están sabotando.

Apenas interrumpen ese fuego que estaba creciendo lentamente, se apaga por completo.

Confiá en los silencios. Confiá en el espacio y en la distancia. Un vínculo sincero no necesita ser comprobado a cada momento para seguir existiendo.

No forzar. No aferrarse. Estar presente sin invadir. Vivir en equilibrio.

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